lunes, 26 de diciembre de 2011

¿Monstruos o comisarios políticos? ¿Es esa la cuestión?

-->Sobre imaginación y realismo social.

Me cuesta imaginar a Armando López Salinas amenazando de excomunión a un escritor por delito de fantasía. Sin embargo, Antonio-Prometeo Moya, entrevistado en Público el pasado 21 de diciembre por Peio H. Riaño (1), dice haber vivido en la época de los “pequeños comisarios políticos” del realismo y plantea, uno más, su novela de la guerra civil, al parecer sembrada de terroríficos bichos de fantasía, como una rebelión contra la presunta opresión del realismo de cuando “lo que no servía para la propaganda no servía para nada” y, además, “te perseguían si cultivabas la imaginación”, según las propias palabras del autor entrevistado. No he leído Escenas de guerra y miedo en España, la novela susodicha, pero me escama que se nos presente el realismo social, que a ese realismo se está refiriendo, como una castración de la imaginación.
    En primer lugar, no se debe confundir imaginación con fantasía. Elemental. El realismo social (ese subconjunto del realismo que desde aquí defendemos) es un ejercicio de empatía, que sólo es posible a través de la imaginación. La imaginación es la parte de nosotros con la que en efecto lidiamos con la realidad, con la que podemos ponernos en lugar del que sufre, o del ser amado que disfruta y nos hace felices con su goce. El núcleo duro de la imaginación es, como diría Gaston Bachelard, antes que nada material, y rige las manos del alfarero cuando da forma a una vasija en el torno o guía al electricista en los secretos recorridos del flujo eléctrico por las paredes de una casa. La imaginación se toma muy en serio la realidad porque es la instancia del espíritu que nos guía a través de ella. Sin imaginación no hay, por tanto, manos ni revolución, no hay literatura realista ni castillos de arena ni solidaridad ni lágrimas más allá de la rabieta egoísta.
    Otra cosa muy distinta es la fantasía. Hija de lo que Bachelard llama imaginación formal, una instancia voluble y vaporosa, superficial, del espíritu que precisamente desprecia lo real por cuestión de total incompatibilidad. La fantasía es humo que se figura contra toda otredad, contra lo real, es llenar de aire las cortezas huecas del yo. Sirve para cabalgar en soledad por los dominios de nada en un ejercicio por encima de todo solipsista. Pero no tenemos nada contra la fantasía, siempre que no alcance una peligrosa dimensión política, claro, porque de fantasías vive el complejo ideológico que sustenta la sociedad capitalista en las conciencias y su corolario es el fascismo.
    Y ahí es donde entra el segundo lugar de este texto. El uso del término comisario político, en un contexto en el que se critica una presunta opresión realista, excita la imaginación, invoca lo que algunos han llamado un imaginario, en este caso muy agresivo contra la izquierda. El autor de Escenas de guerra y miedo en España parece justificar de ese modo su experimento literario (mezclar fantasía con la dolorosa Historia), y parece acusar también a los herederos de la lucha antifranquista de estar algo así como vigilando la literatura para estigmatizar a los valientes que se atreven a poner en jaque el dogma realista. Pero si dejamos de lado el imaginario, si abandonamos la fantasía y miramos los hechos, podemos decir que nadie exige realismo en el mundo-mercado literario; más bien al contrario, si no hay casi nada de realidad (sobre todo social, dolorosamente social) en la novela inmediatamente contemporánea, sí hay muchos censores que al menor atisbo de ello nos recuerdan las notorias insuficiencias (Senabre dixit (2)) del realismo social y prefieren mayor visceralidad, o introspección psicológica o qué sé yo qué ensalada discursiva, con tal de que la novela no abandone ese acomodado mundo literario cerrado en sí mismo, verdadero mundo aparte, que ya criticara el propio Galdós en uno de sus artículos (3). Ahí encajan entonces de maravilla las afirmaciones de Moya, cuando dice que su idea “era puramente literaria. No quería una novela ideológica ni histórica”.
    Sin embargo, en la misma entrevista no duda en afirmar que “esta yuxtaposición de códigos crea una dimensión alegórica de los errores de la guerra” (la cursiva es mía, claro), y el periodista de Público selecciona una cita del libro que dice que “los horrores de una guerra no tienen más causa y razón que la propia guerra”. A mí todo esto sí me parece una perspectiva ideológica, y mucho, más que la de quienes nos empeñamos en recuperar eso que llamamos “memoria histórica” con un relato lo más real que podemos, y sacamos en claro que aquí hubo algo más que errores de una guerra, que los nuestros sufrieron un auténtico genocidio por razones de lucha de clases decididas desde fuera de la propia guerra. A mí, lo que he leído sobre la novela de Moya, eso sí, mediado por Peio H. Riaño, me suena a propaganda, es difícil no hacer propaganda, no propagar planteamientos, ideas, puntos de vista, lo que jode es que se los considere propaganda justo en el instante en que son de izquierdas, traen a colación la lucha de clases o plantean que la literatura ha de servir para echar una mano a la transformación de esta mierda de mundo en otro posible.

NOTAS:
1. http://www.publico.es/culturas/413223/franco-entre-vampiros
2. http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/29467/Komatsu_PC-340
3. Observaciones sobre la novela contemporánea en España, de 1870. He llegado a esta interesante cita leyendo a Rafael Reig, en esta entrada de su blog: http://www.hotelkafka.com/blogs/rafael_reig/2011/11/petros-markaris/



lunes, 28 de noviembre de 2011

Por si es de tu interés: cómo fue el acto "Literatura sin papeles"


Literatura sin papeles. La novela “Komatsu PC-340” y l@s trabajador@s sin papeles en Madrid. Por Traficantesdesueños.


Aquí tienes el audio del acto "Literatura sin papeles", que celebramos en la librería Traficantes de sueños, en Madrid, el día 19 de este mismo mes de noviembre. El primero que habla es Constantino Bértolo, editor de Komatsu y sabio muy respetado en el mundo editorial y literario. Tuvo palabras muy generosas para la novela, y afirmó que estaba contento con que alguien haya escrito una novela de este tipo en "un acto de responsabilidad como escritor". Vaticinó que seguramente no proporcionará grandes satisfacciones económicas ni a la vanidad del autor, pero espera que irá encontrando poco a poco sus lectores.
A continuación habló el autor, o sea, un servidor. Me atreví a decir que la novela está pensada para que la lea cualquiera, que sea entretenida, accesible. Con un estilo un tanto atropellado traté de justificar lo que podríamos llamar la "responsabilidad social del escritor". El discurso fue desde la caracterización de la Literatura como ocupación de un lugar público -haciendo un remix de teoría literaria con grandes dosis de "La cena de los notables", de Constantino Bértolo- hasta la situación real de los trabajadores sin papeles en el capitalismo actual, su condición subciudadana, casi subhumana, para dar a entender que las cosas están lo suficientemente jodidas como para que sea necesaria una literatura de denuncia. La Literatura como parte de la batalla ideológica, para repetir de otro modo algunas cosas reducidas al silencio entre el ruido brutal que caracteriza a esta sociedad.
Luego le tocó el turno a José Luis Vargas, de Ferrocarril Clandestino. Afirmó que la novela le gustó mucho, le sorprendió, entre otras cosas porque "clava" la Oficina de Derechos Sociales de Carabanchel, incluidos algunos de sus miembros reales. Le sorprendió que el autor (o sea, un servidor) nunca haya estado en la ODS ni haya conocido personalmente a ninguno de sus miembros, ya que la caracterización parece ser que se acerca mucho a la realidad. Yo me sentí muy bien cuando oía esto... Después explicó en qué consiste su organización, Ferrocarril Clandestino, de apoyo a los migrantes, y habló del impulso solidario contra las redadas y a favor de la ciudadanía de todos y los derechos sociales que ha implicado el 15M... hasta que se quedó por un instante en blanco y prefirió dar paso al turno de preguntas del público.
El diálogo fue jugoso, merece la pena escucharlo: datos sobre la realidad de los CIEs, la ilegalidad de las obras de la M-30 y la semiesclavitud faraónica, cómo llegó el autor hasta las ODS y el Ferrocarril Clandestino (y cómo consiguió la información para caracterizar tan bien a los personajes), el lugar de Komatsu en la tendencia que conocemos como "realismo social"...

lunes, 14 de noviembre de 2011

La botella y el faraón

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   Surgieron algunos susurros de pavor cuando alguien, no hace mucho (1), cayó en la cuenta de que, si Gallardón se dedica a ser diputado, ministro o lo que sea, Ana Botella, la esposa de Ánsar, pasará irremisiblemente a ser la alcaldesa de Madrid. ¡Horror! ¿Horror?

   Gallardón se ganó el apodo de Faraón merecidamente, pero no se ha repetido lo suficiente. Este señor se presenta públicamente con un talante tranquilo, un rostro tan impasible que parece que le haya dado un paralís. Pero, en realidad, eso es lo que pasa con los rostros que están muy duros. El Faraón tiene el rostro de cemento, y eso le quita expresividad y le permite responder al adversario político con granítica templanza. No en vano, seguramente se le ocurrió a él la genial idea de reducir los índices de contaminación urbana cambiando de ubicación las estaciones medidoras (2); ya que la tunelación de la M-30 iba a tener efectos maravillosos en la calidad del aire de Madrid, ¿no?, pues chúpate esa.

   La Botella supondrá una borrachera de chascarrillos en la capital. La pobre mujer ve la realidad a través de un vidrio muy espeso, un culo de botella. No es precisamente sagaz y representa la cara menos viva de la oligarquía. Es la botella del Faraón, que embriaga al pueblo con sus deslices.

   Gallardón es muy hábil y poderoso, tanto que estas dos últimas legislaturas decidió eternizarse como mandamás de la ciudad. No importa que deje de ser alcalde. Quienquiera que lo suceda, sea del signo que sea, hasta el año 2035 verá su sombra limitando toda posibilidad de hacer otra política que no sea poco más que mantener la inercia del Ayuntamiento. Ha dejado tal deuda al consistorio que qué más da que Botella no sea la alcaldesa más inteligente del mundo; está atada de pies y manos, aunque ella seguro que lo llevará con el mismo orgullo con el que la personas de su calaña exhiben uno de esos liftings de rostro tan tensos que parece que en cualquier instante revientan.

   Oficialmente, más de un tercio de la hipertrofiada deuda de la ciudad de Madrid corresponde al megaproyecto de ampliación de la M-30. El ayuntamiento capitalino paga 17000 euros a la hora por este concepto en una hipoteca a treinta años (3). Mientras tanto, más de treinta barrios de clase obrera con un millón de habitantes carecen de las dotaciones básicas de infraestructura social y no tienen ninguna expectativa de que la situación mejore(4). El enunciado que más suena en las oficinas municipales es: No hay dinero.

   En la novela Komatsu PC-340 (5) se encuentra el meollo de las ignominia que nutrieron por dentro la barrabasada económica, medioambiental, política y social que fue la remodelación de la M-30. Ahora, los madrileños y madrileñas han visto cómo les han duplicado el impuesto de bienes inmuebles y cómo se ha sacado de la manga el Faraón un oneroso impuesto de basuras que en materia de residuos sólo tiene que ver con la basura financiera en la que ha embarcado a la administración local para inflar abundantemente los bolsillos de sus amigos los grandes constructores. A pesar del subidón impositivo, los servicios decaen, lo mismo que las necesarias inversiones en dotación social en una ciudad que no anda precisamente sobrada.

   La botella o el faraón, ni fu ni fa, lo mismo nos da. Ya se ha encargado el segundo de arruinar la posibilidad de que nadie haga verdaderos proyectos de futuro en Madrid (para bien o para mal, mejor es que la botella esté vacía, no vaya ser que nos emborrachemos).



NOTAS
1. Baste como ejemplo el desafortunado artículo de Escudier en Público en el que decía “Gallardón, no nos dejes” y se permitía asegurar que la ampliación de la M-30 ha sido “tan cara como útil”... ¡¡¿¿Útil??!! ¿Para qué demonios ha sido útil que murieran nueve trabajadores, centenares resultaran heridos de gravedad y la ciudad quedara hipotecada hasta 2035? ¿Para que ya empiecen a quedarse parados los coches en los túneles en hora punta? El artículo está en: http://blogs.publico.es/escudier/1044/gallardon-no-nos-dejes/
2. Véase: http://www.elpais.com/articulo/sociedad/fiscal/tumba/ardid/Gallardon/enmascarar/contaminacion/elpepusoc/20110129elpepisoc_4/Tes
3. Véase http://www.afectadosnudosur.com/nudosur/index.php?option=com_content&view=article&id=707:-gallardon-dejara-madrid-con-un-agujero-que-costara-durante-anos-100000-euros-por-hora&catid=42:obras-m-30&Itemid=267
4. Véase http://www.afectadosnudosur.com/nudosur/index.php?option=com_content&view=article&id=642:mas-de-una-treintena-de-barrios-carecen-de-dotaciones-basicas&catid=36:urbanismo&Itemid=268
5. En Komatsu se mira todo el proyecto estrella del Faraón desde diversos ángulos. Uno de ellos, de los más importantes, es el de la explotación de los trabajadores sin papeles, que tuvieron que sufrir lo indecible a cuenta de poder tener un puesto de trabajo. A ellos se dedica la presentación en la librería madrileña Traficantes de Sueños del próximo viernes 18 de noviembre, en la que participará José Luis Vargas, de Ferrocarril Clandestino. La hemos llamado Literatura sin papeles.
 

jueves, 27 de octubre de 2011

Literatura sin papeles


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La novelaKomatsu PC-340y l@s trabajador@s sin papeles en Madrid.

¿Para qué escribir una novela? El mercado literario al uso promueve una experiencia literaria exenta de responsabilidad social. La empresa privada gestiona el espacio público de la literatura y quiere hacerlo sin compromiso, llenarlo de lo que sea, de lo que les dé la gana, sin tener en cuenta que, en realidad, están llenando un hueco que es de todos y que lleva aparejada una responsabilidad. ¿Qué discurso vale la pena hacer público en un mundo como este? ¿Escribimos y leemos para olvidar, como quien se embriaga?
Madrid, años 2003 a 2007. Obras de ampliación de la M-30. Imposible mirar hacia otro lado. Un monstruo de ruido y polvo serpentea cercando todo el sur de la ciudad. Murieron nueve trabajadores en el megaproyecto. Hubo centenares de heridos de consideración, como salidos de un campo de batalla: tetraplejias, amputaciones, secuelas psicológicas de por vida. Cientos de trabajadores sin papeles participaron en las obras, al amparo de una trama impenetrable de subcontrataciones en cadena. Sufrieron todo tipo de fraudes y abusos. ¿Quién contó su historia? ¿Cómo se cuenta su historia? De la M-30 al CIES de Aluche, de la explotación a la deportación. ¿Cómo se construyó lo que llamaron la bonanza económica a costa de la explotación de los trabajadores más vulnerables?

Presentación en Traficantes de Sueños. Viernes, 18 de noviembre de 2011, 19:30 horas. 
Intervienen:
* Constantino Bértolo, editor de Caballo de Troya, la editorial que ha publicado la novela.
* Javier Mestre, autor de Komatsu PC-340.
* José Luis Vargas, de Ferrocarril Clandestino.

martes, 11 de octubre de 2011

Narrar para cambiar el mundo

Este es el texto que leí en la presentación de Komatsu PC-340 en Dénia, este verano. Salió publicado también en Rebelión y... vaya, reproduce de nuevo el poema manifiesto de Celaya:

"Hola a todos y a todas, gracias por haber venido a esta presentación.

Cuando uno se enfrenta por vez primera al prodigio de que le publiquen su novela, a menudo se siente extraño en estos eventos en los que todo parece girar alrededor del ombligo del escritor. Como si escribir no fuera otra cosa que un oficio, que ojalá pudiera uno desempeñar para ganarse la vida. Imagino una presentación de una escalera recién barrida y fregada, de un puesto del mercado bien acicalado por la mañana para poner naranjas y melones a la venta por primera vez, del primer enfermo atendido a pesar de la privatización del consultorio... Pero no sabe uno muy bien por qué, editores, familia, amigos, todo el mundo ve natural congregarse alrededor del escritor que simplemente ha hecho como buenamente ha podido su trabajo.

¿Será porque escribir, narrar, es un oficio que tiene algo de particular? ¿Algo que lo hace especialmente notorio, relevante, en nuestras vidas? Llevo desde marzo, cuando salió a la luz Komatsu PC-340, dándole vueltas a este asunto. Y creo haber descubierto algo.

La magia de una novela estriba en que su relato sustituye todos los demás en la mente del lector atento. Por un instante, las palabras escritas se convierten en un río que arrasa con todos los componentes de la conciencia del lector. Su flujo es invasivo, llena, porque encaja a la perfección en la mente y la memoria. Somos relato. Organizamos lo que sabemos y lo que transmitimos, siempre, en forma de relato. Quien domina los relatos, llena las mentes, domina el mundo. Hay relatos para todo: de relatos están formadas las instrucciones para hacer las cosas, las coartadas morales, la toma de cualquier decisión o el disfrute de cualquier aventura, que no se completa hasta que puede ser contada. Quien siembra de relatos las mentes, educa, forma, explica cómo se relata y qué es lo bueno y qué lo malo.

Nuestras vidas son relatos que van a dar a la mar, que es el morir. Vivimos entre historias y cuentos. Son relatos la tele y los periódicos, los blogs y las redes sociales están llenos de historias y se comprenden con estructura de relato. La radio, el cine, la escuela, las conversaciones de amigos, la mayor parte de los parlamentos de las asambleas de trabajadores o de indignados, los parloteos en los vestuarios de los antidisturbios que acaban de reprimir una manifestación de jóvenes sin esperanza...

Yo me gano la vida como profesor de lengua y literatura en secundaria y vivo día a día la importancia de dominar los relatos para dominar el mundo. Los profesores vivimos en la impotencia del que cuenta una historia sensata sobre lo que las cosas son, labrada en milenios de disciplina y esfuerzo colectivo, que se ve desbaratada día a día por los chascarrillos provenientes de un chorro fantástico, un estruendo sin fin, que invade los cerebros sin dar la menor tregua.

Tiene su aquel, por tanto, el trabajo de labrar narraciones. Conecta íntimamente con lo que somos y lo que podemos llegar a ser. Y precisamente ahí se encuentra la responsabilidad del escritor. No puede compararse, por ejemplo, con la inmediatez de la responsabilidad del médico, por ejemplo, pero sí con la del educador, la del periodista o la del político cuando llenan con sus cuentos el espacio público.

Ricardo Senabre, crítico literario de El Cultural, la revista de dan los viernes con el diario El Mundo, comparó Komatsu PC-340 con la novela social que floreció en España a finales de los años cincuenta y durante los sesenta del siglo XX. Y se permitió asegurar que esta novela compartía con las de los López Salinas y compañía “sus notorias insuficiencias, disculpadas antaño por la presencia de una novelística combativa que parecía necesaria”. Claro, ahora ya no tiene lugar una literatura cuyo fin sea transformar las cosas, ahora vivimos en la democracia ideal, el mejor de los mundos. Y oye, vamos leyendo las novelas de éxito y parece que hay una poderosa normalidad subyacente que, o bien es un ahora reconfortante frente a un pasado en el que cabían todas las ignominias, o bien es una mierda tal, hecha de individuos siempre despreciables, moralmente ambiguos o directamente chungos, que es obvia la imbecilidad de cualquier esfuerzo destinado a conseguir que las cosas cambien.

Un servidor, sin embargo, sigue teniendo como norte una canción que escribió Gabriel Celaya cuando, al parecer, sí que reposaba este país sobre injusticias que necesitaban que alguien les metiera mano... Se titula “La poesía es un arma cargada de futuro” y es el manifiesto de la literatura social.

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante, 
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia, 
fieramente existiendo, ciegamente afirmado, 
como un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente 
los vertiginosos ojos claros de la muerte, 
se dicen las verdades: 
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas 
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados, 
piden ser, piden ritmo, 
piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto, 
con el rayo del prodigio, 
como mágica evidencia, lo real se nos convierte 
en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria 
como el pan de cada día, 
como el aire que exigimos trece veces por minuto, 
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan 
decir que somos quien somos, 
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno. 
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo 
cultural por los neutrales 
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden. 
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren 
y canto respirando. 
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas 
personales, me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos, 
y calculo por eso con técnica qué puedo. 
Me siento un ingeniero del verso y un obrero 
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: poesía-herramienta 
a la vez que latido de lo unánime y ciego. 
Tal es, arma cargada de futuro expansivo 
con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada. 
No es un bello producto. No es un fruto perfecto. 
Es algo como el aire que todos respiramos 
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo 
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado. 
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre. 
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.

En fin, como obrero de la prosa, o ingeniero, según se mire, no busco el fruto perfecto, sino más bien el relato que sirva para desvelar los cimientos de porquería sobre los que se asienta nuestra normalidad. Cuando atravesamos Madrid por los túneles de la M-30 es conveniente no olvidar, entre otras cosas, que nueve trabajadores murieron al construirlos, en un proceso en el que varios centenares quedaron marcados por heridas que los acompañarán toda su vida. Conviene saber también que hacer las cosas tan mal y tan rápido hizo posible un fabuloso negocio en el que se esquilmaron las finanzas municipales de Madrid para los próximos treinta años, mediante una especie de hipoteca que tendrán que pagar los ciudadanos gobierne quien gobierne la ciudad, aun a costa de guarderías, bibliotecas, parques o instalaciones deportivas de base. Estas obras prosperaron sirviéndose de la impresentable situación político legal de la extranjería en España, la explotación ilegal de los seres humanos a los que se reduce a semiesclavos sin papeles, luego sin derechos, y para los que tenemos reservadas unas prisiones vergonzosas que se llaman Centros de Internamiento de Extranjeros (CIEs) donde se encarcela en unas condiciones penosas y humillantes por el mero hecho de no tener los papeles en regla. En fin, ahora, con la crisis económica y el movimiento de indignación popular que afortunadamente parece que no decae, nos lamentamos del volumen de los desbarajustes ambientales y sociales causados por los años de una bonanza económica que sabemos que se basó tanto en el desequilibrio, la corrupción, la irresponsabilidad y la injusticia.

¿No hay razones para renunciar al lujo cultural de los neutrales y dedicarse a un verso plano y directo que sea para el pobre y necesario como el aire que respiras? Ahora me ha dado por mirar a los pies. Nos calzamos cada día y uno no sospecha la magnitud de los crímenes y los despropósitos que uno fomenta cuando compra un par de zapatos. He decidido que mi próximo relato sirva para mostrar otro cachito del mundo real-real que está ahí, nos constituye, y parece que todas las voces se ocupan de mantenerlo oculto."

Este texto lo tienes también en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=134029

jueves, 29 de septiembre de 2011

Victoria y el insomnio

¿Estamos despiertos? ¿Qué nos hace falta para levantarnos, ponernos en pie, subirnos a las barbas de quienes nos tienen rodilla en tierra y apenas si nos dejan decir que somos quien somos?

Este blog nace para hablar de literatura comprometida, es decir, para hablar de este mundo podrido a través de la literatura. Lo mismo que la novela en que se basa, Komatsu PC-340, que está escrita por una mente poseída por el poema manifiesto de la literatura que se llamó social, ese canto estremecedor que Gabriel Celaya tituló "La poesía es un arma cargada de futuro".

Victoria, suena el despertador. Lleva música de Paco Ibáñez, si tú quieres. Y dice esto:



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Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmado,
como un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.